martes, marzo 17, 2009

COSAS DE PASADA



Contemplando las ruedas del tiempo que transcurre, en esa meditación silenciosa que nos arropa a veces, que extrañamos tanto y que llega como bálsamo, sabrosa, eficiente ella, a pinceladas armarnos tal vez una sonrisa, tal vez una ceja que se levanta como aprobando la sorpresa.


En esos silencios suspendidos tras los párpados, por allí, con escondrijos juguetona, en algún lado, tras una esquina, parace que nos espera, de nuevo, con su destello inefable, la maravilla.


Porque hay una maravilla, mil maravillas, infinitud de maravillas, allí, a la espera, amurrungadas a veces, saltarinas casi siempre, casi invisibles las más; pero seguro que andan por todas partes, las maravillas.


En una palabra de cuya armazón nos enteramos, en un color puesto al lado de otro que trajo de golpe un ocaso que, antes de ellos, yacía olvidado.

O en el álgebra de sabores que un fogón traduce para nosotros los mortales.

O en el tiovivo algarabozo que resuena allí, al lado, tras la pared, en un jardín de infantes bullanguero, vivo.

La maravilla, quién sabe, quedó allí bajo el zapato, sobre la última hoja de el árbol o del libro, en la hoja misma que no quisiste leer ayer, en la mano que no fui capaz de estrechar porque el reloj empujaba mi necedad, ayer.

Porque es esquiva ella; eso que nos asombra sin condolencia también se escapa entre los dedos de los dedos, como arenilla de la arena gruesa.

Nos habita, sin embargo, nos tienta y nos seduce, como si de tanto morar en nosotros, le fuésemos extraños de tanto conocernos.

Nos pinta de cobalto los misterios y de sangre algún mordisco, nos trina, imperceptible, casi siempre mansa, en cada oído, en cada poro o párpado, en cada glándula y hormona, en la geometrica disposición de las sombras que callan sobre la acera o en el caos que evoluciona con la nube y la hace perro, canguro o caritafeliz.


Nos desborda, esa sorpresa, cuando las pieles se dejan acariciar por los dedos que aman, por los labios que buscan. Cuando esa misma piel recuerda labios, besos, dedos y se baña de brisa o salpicante cascada.

Cuando la risa se vuelve agotadora carcajada, cuando el canturreo deviene lírico en cante y canto.


La maravilla espera, vela, yace dormida, cerquita.

No la pierdas de vista, allí cerquita anda.
Cuidado con dejarla pasar.


No regresa ni perdona olvidos.