jueves, febrero 10, 2011

PASEO POR EL ABANDONO APARENTE

Desde esta horizontalidad que me regala lo inalámbrico, vuelvo a dar paseos por estos cuarticos, revisando hendijas que parecían abandonadas. Vuelvo a poner una huella leve en el polvillo que ya cubría estos pisos. Quisiera, lo confieso, ser consecuente con quienes gustan de darse, de vez en cuando, una pasada por lares donde habito, pero parece que la realidad palpable tiene un peso que se cierne sobre uno de modos que nos cuesta -dice uno- controlar. Es decir, para cesar la pajiglosia parafernálica, uno como que se olvida de las cosas que alguna vez se planteó con mediana seriedad, pero desde el pleno corazón y se va dedicando como que a llenar requisitos para la vida: trabajos, estudios, informitos, tesitas, pajitas y pajones, maravillas a veces, obligaciones siempre.
Y sí, aquellas son también parte de una elección que hicimos, son piezas de un edificio que decidimos armar un muy buen día y, como tales, tampoco son dignas del irrespeto del abandono. Excelente. Pero viene el plañir que ahora escribo porque parece que aquello fuese la vida, aquello fuese lo importante, aquello, siempre aquello.
Y abandonamos estos detallitos, estas sabrosuras que muy bien pueden regalarse -e incluso más- que una monografia sobre epistemica marxista retromoderna posneoliberal o, incluso, por que no, junto con ellas...
En fin, cierro volviendo a prometer prontas reaparecidas, texto en ristre, para seguir el contrapunto sabros que nos va armando las almas y desarmando los tiempos.

Abrazos

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